¿Alguna vez se han preguntado, EN QUÉ CONSISTE EL MORBO?

Análisis del morbo como recurso narrativo de efecto boomerang, ya que incluso cuando llega a generarse una audiencia, tiende a matar al medio que recurre a él (versión actualizada).

Presentación

Análisis del morbo como recurso narrativo de efecto boomerang, ya que incluso cuando llega a generarse una audiencia, tiende a matar al medio que recurre a él (versión actualizada).

Artículo

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En nuestra lengua, y según el Diccionario de la Real Academia Española (conocido como  el “D.R.A.E.”),  el es la “alteración de la salud[…], la enfermedad”.  De ahí que morboso sea todo aquello:  1°) “que causa enfermedad”,  ó   2°), “que provoca reacciones mentales […] insanas”.

En la lengua inglesa, y según el Diccionario Oxford“morbid” es aquella persona que “se caracteriza por un interés anormal e insano en temas perturbadores o desagradables, y particularmente en la muerte y la enfermedad”  (cfr.: http://www.oxforddictionaries.com/es/definicion/ingles/morbid ).

En términos literarios, el morbo es un recurso que atrae la atención de la gente; es un “gancho”.  En artículos anteriores hemos establecido que las obras de contenido más familiar, más “limpio” (esto es: que menos transgrede los valores, ideas y creencias del público al que se dirige), suelen ser las de más éxito.  ¿No es entonces una contradicción aceptar hoy que el morbo pueda llamar la atención de la gente?  No; veamos por qué:

En primer lugar, el morbo es un gancho, mas no el único.  En segundo lugar, es un gancho de impacto intenso pero volatil y  sumamente breve, si lo comparamos con otros como el evocativo (cfr. Cawelti; Adventure, mystery and romance; Univ. of Chicago Press; págs. 14 y 303 #2).  En tercer lugar, es un gancho que termina por desgastarse a sí mismo, por lo que finalmente ─y cual boomerang─ termina por destruir al “medio” que lo empleó.

Analicemos estas tres afirmaciones:   Los cuatro recursos para la estructuración del contenido, que funcionan como “gancho” para atraer al espectador, y que he podido aislar hasta ahora, son el suspenso, la ilusión, el morbo y el humor.  Ejemplo del primero, son las obras de Agatha Christie (que nunca tuvo que recrearse describiendo el proceso de descomposición de un cadáver para conseguir lectores);  ejemplo clásico del segundo, los cuentos de hadas; ejemplo extremo del tercero, la pornografía; icono del cuarto: Las narraciones gráficas de Astérix, los cartones humorísticos de Dilbert, los programas televisivos de Gila o (Roberto Gómez Bolaños), o los cuadros teatrales costumbristas de los Hermanos Álvarez Quintero.

[En 2011, 16 años después de publicado este artículo, los están explotando también otros ganchos ─más que literarios, de tipo cognitivo─, que producen un nivel tan alto de estrés (de agobio, angustia y ansiedad) en su público, que posiblemente terminarán por quemar con aún mayor virulencia al medio y programa que los emplea.   Caso prototípico de ellos es la teleserie estadounidense 24 horas en la vida de Jack Bauer, que inmerge al público en una cadena de situaciones de máxima gravedad, cuando no de vida o muerte  ─todas a punto de estallar─; y en la que nunca se nos da la información completa de lo que ocurre ─ni siquiera las cámaras  muestran nunca  escenas completas, además de que el narrador lo sumerge a uno en ellas “in media res” (en mitad de la acción), sin mostrarle nunca cómo se llegó a semejante crisis, lo que incrementa la ansiedad─.

Aún más:  Si alguna de estas situaciones llega a su conclusión, automáticamente se abre otra (u otras) líneas narrativas, igualmente angustiosas, para mantener así el arresto cognitivo  generado en el público, con sus efectos fisiológicos. Esto genera un nivel de ansiedad tan brutal, que el espectador no puede despegarse del televisor… ─pero no porque esté gozando, sino porque está sufriendo─. Y al terminar la serie, de hecho, la mayor parte de la gente experimenta alivio, y no ensoñación, contento ni placer…]

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Volviendo al punto que nos ocupa hoy:  El morbo como “gancho” goza de un impacto de breve duración; pero, ¿cuál es la desventaja de esto?

Pongamos algunos ejemplos:

a.1°) Hoy por hoy [esto es: en 1994-1995, cuando este artículo fue publicado originalmente] los niños mexicanos seguían escuchando canciones de Cri-Crí, ocho veces más que las de Gloria Trevi, pese a tratarse del momento de mayor éxito alcanzado por esta cantante  (“Y todavía es Cri-Crí; Reforma, 15 de octubre de 1994) ─los contenidos no transgresores, por regla general tienden a ser, no sólo los que más venden, sino también los que más perduran en el mercado,─.

a.2°) ya no gusta a la gente, y su disquera está en problemas financieros por ello (” ‘Mujer-objeto’: Preocupa a las empresas el ocaso de , la escandalosa”; El Heraldo de México, 4 de mayo de 1994) ─las ingentes cantidades invertidas en lanzarla y mantenerla entonces en el mercado, de hecho, no fueron recuperadas por quienes invirtieron en ella; y mientras que éstos perdieron fortunas, ella siguió adelante, cambiando de inversores…─.

a.3°) Del nuevo calendario de Gloria Trevi, no se vendieron más que el 10 % de los que se imprimió (“Los Famosos”; El Heraldo de México, 21 de enero de 1995) ─y eso que todavía no estallaba el escándalo sobre cómo su manager y ella atraían a otras adolescentes a las que prometían lanzarlas como cantantes, solamente para explotarlas─.

a.4°) En noviembre de 1994, el 39 % de las películas que la gente eligió ver por televisión de paga, fueron mexicanas ─mayoritariamente viejitas, incluyendo las de ─; esto es: no nuevas, y no “para adultos”─  (“Consumo cultural en la ciudad de México”; Reforma, 15 de febrero de 1995). [Para cifras más actuales, también en España y Estados Unidos, leer “El Misterio del espectador perdido”]

Veamos un caso aún más claro: La tercera versión de ─la protagonizada por Edith González y , q.e.p.d.─, atrapó al público durante los primeros treinta capítulos [no nos referimos al extraño híbrido transmitido bajo el mismo título, pero con mucho menos éxito en 2009-2010]─  .

A pesar de la decreciente calidad de  la versión más exitosa de Corazón salvaje, gran parte del público la observó hasta el final y siguió recomendándola.  Esto lo logró el poder evocativo de los primeros capítulos, con su capacidad de hacer soñar y de transportar a los espectadores hasta el mundo ficticio de la obra ─es decir: con su capacidad de ilusionar al espectador─.  Su poder evocativo se podía medir de manera muy evidente:  El capítulo del día terminaba, y la gente permanecía sentada frente al televisor sin apagarlo ─como esperando que continuara─;  pasados algunos días, la gente seguía recordando aquel capítulo, y lo que es más importante, lo comentaba con los demás.  Esto aumentó progresivamente la audiencia de la obra (a pesar del absurdo cambio de horario), y reforzó su mensaje, estableciendo un vínculo de lealtad entre los creadores y los receptores.

Para que por medio del morbo, una obra alcanzara un impacto comparable, habríamos de recurrir a una transgresión extrema, y habríamos de mostrarla de manera notablemente gráfica, cruda y detallada.  Pero el siquiera intentarlo, conllevaría enormes riesgos. A saber:

b.1°) es probable que la gente, sintiéndose agredida, se apartara de la obra sin siquiera darle una oportunidad. ¿Cuánta gente vio Natural born killers en nuestro país, por ejemplo…?  ¿O el crimen del P.Amaro…, por citar un caso más reciente…De hecho, para conseguir que en México “alguien” fuera a ver esta última, siquiera en algunas salas de las pocas ciudades en donde sí tuvo público, fue necesario proyectarla, o a sala vacía durante más tiempo del que habría sido conveniente desde un punto de vista comercial, o gratuitamente en unas pocas salas (el cine Bucareli y el Hollywood, en el Distrito Federa, por ejemplo).]

b.2°) la gente que sí “recibiera” la obra, y fuera objeto de su tremendo impacto, no querría estarla recordando, ni querría saber nada de otros “productos” relacionados con ella ─mucho menos  de otras obras del mismo autor─, y

b.3°) no hablaría de ella con los demás, pues si lo hiciera sería para no recomendarla.

Comercialmente, éstas constituyen tres evidentes desventajas.  Y no sólo comercialmente, pues finalmente todo creador espera comunicarse con su público:  Si éste lo rechazara, ¿para qué seguir escribiendo?

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No sólo esto:  Para que una obra así, llamase la atención de la mayoría, habría de recurrirse a distintas “autoridades culturales” ─para que la pusiesen en boca de todos─, y a una propaganda masiva ─casi orquestada─ en todos los medios de comunicación. Y sobra decir que aún así, esto sólo funcionaría con un texto realmente extraordinario, pese a su carácter intrínsecamente poco grato.

Contamos con un ejemplo reciente de esto (2005-2012):  La trilogía Milenio de , que ─como bien señala , en su reseña del 6 de septiembre de 2009, en El País─  nos muestra a Suecia, y al mundo actual en general, “como una sucursal del infierno, donde los jueces prevarican, los psiquiatras torturan, los policías y espías delinquen, los políticos mienten, los empresarios estafan, y tanto las instituciones [como] el establishment en general, parecen presa de una [magna y arraigada] pandemia de corrupción”, sin esperanza de solución o alivio.  Y encima se trata como el propio Vargas Llosa señala de “una novela […] formalmente imperfecta, [si bien] excepcional…” ¿Cómo no sorprenderse, entonces, de que este autor encabece su reseña con un panegírico tan extremo como el siguiente?: “He leído ‘Millennium’ con la felicidad y excitación febril con que de niño leía a Dumas o Dickens. Fantástica. Esta trilogía nos conforta secretamente. Tal vez todo no esté perdido en este mundo imperfecto”…

Que mucha gente la haya leído es prueba, no sólo de que el público en general, efectivamente confía cada vez menos en las instituciones ─como refleja la saga─;  sino también  de que una costosa campaña de propaganda, bien diseñada, todavía funciona ─aunque cada vez menos, y cada vez a un costo más alto─.  Pero funciona erosionando aún más la de los medios de comunicación, de las “autoridades  culturales”, y de las agresivas estrategias de mercadotecnia requeridas para promover una obra de lectura tan dolorosa. Emplearlas para promover este tipo de productos, solamente  obstaculiza la recuperación institucional y financiera de las industrias culturales, y de sus personajes de referencia.

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Comparemos las películas actuales con las “fuertes” que los sábados por la noche  observaban los rancheros de Torreón, Coahuila (México) ─en el cine Pathè─  ahí por 1934  (¡por 40 centavos!).  Aquellas “atrevidas” películas “pornográficas” hoy nos parecen ingenuas.  Pese a ello, la excitación de los rancheros era comparable con la que se observa hoy en el público de una sala “XXX”.  No era, por ende, el talón desnudo de la actriz lo que excitaba a los hombres,  sino el hecho mismo de la transgresión de límites socialmente aceptados.  Por ello, a pesar de la escalonada liberalización de la censura en nuestro país (en lo que se refiere a contenidos sexuales, violentos, y lingüísticos), no ha aumentado notablemente el público de las salas “porno” (al decir de sus empleados); y muchas incluso han cerrado. De hecho, y contra lo que suele pensarse, las empresas productoras de cine pornográfico, que efectivamente  surgen constantemente por todas partes, fracasan en su mayoría financieramente  a una velocidad aún más acelerada…

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Esto es un claro indicador de que:

  • Primero, lo que hace llamativo al morbo, es precisamente su explotación de lo prohibido; y
  • segundo, de que llamar la atención no implica tener éxito financiero.

Pero, ¿por qué pasa esto?

Toda sociedad, todo grupo humano, establece una serie de reglas de convivencia entre sus miembros.  La transgresión de cualquiera de esos límites, llama de inmediato la atención de los demás miembros del grupo  ─de ahí que funcione como “gancho”─.  Partiendo del supuesto sociológico de que la sociedad tiende a auto-regularse, el efecto de boomerang es fácilmente explicable, además de comprobable.  Italia, pionera en la explotación del morbo en las “artes comerciales” (incluyendo la publicidad), después de poco más de diez años se vio obligada a dar marcha atrás.  Hoy [1995], las fotonovelas más “limpias” que yo haya visto nunca, han sido producidas en Italia.  Y esto pasó por tres causas:

c.1°) porque las empresas productoras y editoras fueron perdiendo progresivamente a sus empleados más capaces, conforme los límites personales de cada uno de ellos, fueron siendo alcanzados y transgredidos;

c.2°) porque de igual manera fueron alcanzando y transgrediendo los límites del público que inicialmente compraba sus productos, hasta que éste dejó de comprarlos; y

c.3°) porque el morbo insensibiliza al público ─ésta fue la causa, de hecho, de que hubieran de transgredir límites cada vez más escabrosos para seguir llamando la atención─

(cfr. entre otras muchas fuentes, éstos tres artículos…

Sobre el impacto en adultos:

° Linz, D. G., , y S. Penrod; “Effects of long term exposure to violent and sexually degrading depictions of women”;  Journal of Personality and Social Psychology, 55 (5), págs. 758-768;

° Thomas et al; “Desensitization to portrayals of real-life aggression as a function of exposure to television violence”; Journal of Personality and Social Psycology, 35 (6), págs. 450-458;

y sobre el impacto en niños: 

° Cline et al; “Desensitization of children to television violence”; Journal of Personality and Social Psycology, 27(3), págs. 360-365).

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El morbo insensibiliza a sus receptores, pues mientras más frecuentemente nos muestran las transgresiones, más “normales” nos parecen ─dejan de ser llamativas─.  Esto es:  El “gancho” deja de serlo, al ya no llamar la atención de la gente.

En sí, aunque el morbo no presentara otros problemas, quedaría fuera de combate sólo por éste:  Al forzar a sus usuarios a trasladar continuamente los límites de lo aceptable, termina por quedarse sin tener qué mostrar.  En el momento en el que todo es aceptable, deja de haber transgresión; y deja por ende de haber “gancho”.

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Independientemente de todo esto, el morbo es el recurso fácil del mal escritor, del mal director, del mal actor ─del mal creador─.  Aceptémoslo:  Atrapar a la gente por el suspenso y la ilusión (especialmente por medio de ésta última), es un reto al que pocos creadores ─sean “cultos”, sean “populares”─  se pueden enfrentar.

Y para atraparlos por medio del humor ─por medio de la risa sana─ [añadimos en 2012],  ¡cuando menos  hay que ser un genio!

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Fuente de la ilustración: Banco de imágenes DreamsTime.com (© Kristin Smith)

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ARTÍCULO PUBLICADO ORIGINALMENTE EN

(DATOS BIBLIOGRÁFICOS/HEMEROGRÁFICOS/VIDEOGRÁFICOS DE LA FUENTE):

Blanca de Lizaur;  “Alguna vez se han puesto a pensar…, ¿en qué consiste el morbo?”, en Humanidades de la UNAM # 101 [1995], págs. 3 y 9.

Actualmente disponible en (repositorio):  http://www.mejoresmedios.org

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Este artículo fue citado por:

Mª Pilar Lema Quintana; “El morbo: ¿Sólo atracción malsana? Análisis de su conceptualización en dos culturas”, en Espejismo (la revista on-line de estudiantes, licenciados y profesores de la Facultad de Filología Hispánica de Poznań, Polonia), en 2006:  http://www.espejismo.republika.pl/morbo2.html#_ftn1

conceptualización en dos culturas”, in Espejismo (on-line journal of the School of Hispanic Philology of Poznań, Poland), in 2006:  http://www.espejismo.republika.pl/morbo2.html#_ftn1


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Sobre Blanca de Lizaur, PhD, MA, BA