LA OPERACIÓN DE NUESTRO CEREBRO Y LA EXPRESIÓN HUMANA. Implicaciones para la Literatura, los medios y la investigación

A la luz de múltiples estudios científicos, y gracias también a los obstáculos enfrentados en el desarrollo de la inteligencia artificial, hoy nos es posible comprender y describir con gran detalle cómo opera nuestro cerebro. 
Tal y como postulan algunas corrientes ideológicas, fabricamos la imagen que tenemos de la realidad. Ahora bien, no se trata de un constructo irreal, dolosa y exclusivamente impuesto, sino de una imagen cohesionada y validada por nuestra experiencia, armada a partir de infinidad de pequeños esquemas, datos y percepciones que conforman las piezas de nuestro "rompecabezas" mental sobre el mundo en el que estamos inmersos –una imagen colmada de lagunas, sesgos e imperfecciones, sí; pero aún más de aciertos, pues de otra forma nuestra sobrevivencia se habría tornado imposible–. 

Nuestro cerebro, además, opera modularmente, siguiendo una mecánica determinada, convirtiendo nuestras percepciones en símbolos, y éstos a su vez en comportamiento. 
Esto explica por qué las lenguas humanas son como son, y por qué la literatura arma relatos de la forma como lo hace; así como por qué tanto el lenguaje como la literatura influyen realmente en nosotros, y nosotros en ellos, con todas las ventajas y peligros que esto entraña. 

La inevitabilidad tanto del buen como del mal uso de la expresión humana y de su influencia en nosotros, explica por qué contamos con un módulo mental específico, innato, que tiene la misión de detectar engaños, trampas y falsedades, ya que éstos atentan contra la toma eficiente de decisiones en orden a la sobrevivencia. 
Porque contamos con este módulo, quienes recurren al engaño terminan sin credibilidad, como tiende a ocurrir cíclicamente con medios de comunicación, instituciones sociales y autoridades civiles y culturales, e individuos, a lo largo de la historia. 

De las fascinantes características de la operación cerebral que son relevantes para el estudio lingüístico y literario; y de las claras ventajas que nos ofrece el estudiar Humanidades y Neurociencias (des-ideologizadas) para poder sobrevivir, trataremos con más detalle en esta ponencia.

Presentación

A la luz de múltiples estudios científicos, y gracias también a los obstáculos enfrentados en el desarrollo de la inteligencia artificial, hoy nos es posible comprender y describir con gran detalle cómo opera nuestro cerebro.
Tal y como postulan algunas corrientes ideológicas, fabricamos la imagen que tenemos de la realidad. Ahora bien, no se trata de un constructo irreal, dolosa y exclusivamente impuesto, sino de una imagen cohesionada y validada por nuestra experiencia, armada a partir de infinidad de pequeños esquemas, datos y percepciones que conforman las piezas de nuestro “rompecabezas” mental sobre el mundo en el que estamos inmersos –una imagen colmada de lagunas, sesgos e imperfecciones, sí; pero aún más de aciertos, pues de otra forma nuestra sobrevivencia se habría tornado imposible–.

Nuestro cerebro, además, opera modularmente, siguiendo una mecánica determinada, convirtiendo nuestras percepciones en símbolos, y éstos a su vez en comportamiento.
Esto explica por qué las lenguas humanas son como son, y por qué la literatura arma relatos de la forma como lo hace; así como por qué tanto el lenguaje como la literatura influyen realmente en nosotros, y nosotros en ellos, con todas las ventajas y peligros que esto entraña.

La inevitabilidad tanto del buen como del mal uso de la expresión humana y de su influencia en nosotros, explica por qué contamos con un módulo mental específico, innato, que tiene la misión de detectar engaños, trampas y falsedades, ya que éstos atentan contra la toma eficiente de decisiones en orden a la sobrevivencia.
Porque contamos con este módulo, quienes recurren al engaño terminan sin credibilidad, como tiende a ocurrir cíclicamente con medios de comunicación, instituciones sociales y autoridades civiles y culturales, e individuos, a lo largo de la historia.

De las fascinantes características de la operación cerebral que son relevantes para el estudio lingüístico y literario; y de las claras ventajas que nos ofrece el estudiar Humanidades y Neurociencias (des-ideologizadas) para poder sobrevivir, trataremos con más detalle en esta ponencia.

Artículo

1. Introducción

Cuentan que Chesterton y su hermano Cecil gozaban tanto de una buena y sana polémica intelectual, y se concentraban tanto en ella así estuvieran en mitad de la calle, que podía lloverles encima-y-acabarse el día, antes de que ellos renunciasen al gozoso y productivo intercambio de sus espadas intelectuales.

La gente que se los topaba en la calle, los rodeaba, porque no había manera de quitar del medio o separar a aquellos dos robustos caballeros, a quien por otro lado todos querían entrañablemente –incluso sus enemigos–. Al final del día, y después de haberse ocupado la gente de sus quehaceres, había quien regresaba a preguntarles cómo habían resuelto el dilema. Así que, de hecho, “la polémica del día” terminaba beneficiando también a otros, …siempre que éstos hubieran tenido la inteligencia de seguir adelante mientras tanto con sus quehaceres.

No importa a qué se dedique uno, tarde o temprano todos nos topamos con dogmas intelectuales intocables o con polémicas bizantinas que –pese a su indudable importancia– enfrentan y desgastan a los especialistas, encerrándolos en callejones sin salida e impidiéndoles avanzar en su labor. Con que algunos de ellos se ocupen de ellas, basta; lo demás necesitamos ocuparnos de que el mundo siga adelante…

Y esto que parece fácil, no lo es. ¿Qué hacer cuando uno entrevé que la solución al problema que motiva su investigación, se encuentra más allá de ese obstáculo, …precisamente detrás de él? Si intentamos afrontarlo, nos veremos barridos por los vientos de una polémica que –frecuentemente– se convierte en arma de facciones políticas encontradas, cerrada a toda nueva perspectiva y aportación…

Les pongo un ejemplo: Nuestro estilo de vida nos ha llevado a inundar el mundo con moléculas que no son hormonas, pero cuya forma es tan semejante a la de una hormona, que las células de los seres vivos las confunden con ellas. Y como uds. saben, las hormonas regulan delicadamente nuestro metabolismo, detonando acciones fundamentales para nuestra sobrevivencia (en cantidades muy, muy pequeñas y precisas…), así que la confusión puede –y tiene– efectos secundarios sumamente graves.

Podemos discutir hasta el infinito sobre la licitud y conveniencia de tratar al ganado con hormonas, o no; sobre los cambios sociales que nos han conseguido los anticonceptivos hormonales, y su conveniencia –o no–; o sobre la ductibilidad, durabilidad, belleza, eficiencia y bajo coste de los derivados de petróleo –pleitos todos ellos que, por su calibre, ocupan a activistas de uno y otro color–.

Pero eso no cambia el hecho de que hormonas para el ganado, fármacos hormonales humanos, y derivados del petróleo, tienen efectos ambientales perniciosos que es necesario atender con urgencia, en lo que las ardientes polémicas a que dan lugar se resuelven.

O dicho en otras palabras: ¿Cómo conseguir avanzar en nuestra investigación, en tanto que los polemistas resuelven las ríspidas cuestiones que los ocupan?

Recurrir a otras ciencias y especialidades que hayan arrojado luz sobre nuestros temas de estudio, en mi experiencia, nos permite enriquecernos profesionalmente, y resolver con gran ecuanimidad y elegancia muchas de estas cuestiones. Y esto es precisamente lo que hoy vengo a compartir con ustedes: Cómo, el recurrir a las (y a otras varias ciencias más), me ha permitido circunnavegar alrededor de las polémicas que hoy tienen secuestrada a la Filología –que es mi disciplina de origen–, y avanzar en mi investigación, en lo que los vientos políticos de uno y otro color terminan por resolver sus muy respetables diferencias.

2. Cómo funciona nuestro cerebro

, neuro-lingüista y autor de un magnífico compendio sobre la Teoría Computacional de la Mente: How the mind works, define la inteligencia como

∙ “pensamiento racional” –ya que sigue reglas de tipo causa-efecto, innatas, para su procesamiento (pues ha sido posible demostrar su utilización incluso en bebés de pocas semanas de nacidos)–

∙ “de tipo humano” –la materia cerebral es bastante semejante en todos los animales, especialmente entre mamíferos; pero produce comportamientos e información diferentes en cada uno, en función de las necesidades y características de cada especie: La de la araña nace pre-programada para tejer telarañas, y la nuestra para una serie de tareas que nosotros necesitamos para sobrevivir, y que los neuro-científicos han ido inventariando laboriosamente con el paso de los años–,

∙ “que responde a la verdad” (“truth obeying”)…, en tanto que –como dice el biólogo Bruce Lipton, invitado no hace mucho por la Royal Society de Londres– si estuviéramos “programados” para nacer, crecer, actuar de determinada forma, y morir a intervalos prefijados y en lugares predefinidos, no podríamos sobrevivir, ya que estamos inmersos en un ambiente cambiante que nos lleva a enfrentar circunstancias prácticamente imprevisibles. Las células tienen receptores en su membrana exterior para saber cuando hay alimento o veneno cerca de ellas –por ejemplo–; así como para detonar las distintas reacciones que convienen en cada circunstancia particular, de tal forma que pueda sobrevivir. Si los receptores celulares dejan de funcionar (y esto se ha probado en el laboratorio), la célula muere –…por haberse desconectado de su entorno, por haber dejado de conocerlo tal cual es, y por haber dejado de responder a él oportuna y adecuadamente, según iba siendo necesario a cada momento–. De la misma forma, nosotros necesitamos información creíble, veraz, sobre el mundo en el que estamos inmersos; y mientras más fiel sea esa información –mientras más “truth obeying” sea–, más apta será nuestra respuesta al entorno, y más viable nuestra sobrevivencia.

Y aquí tenemos el primer escollo que hemos esquivado: La cuestión de la “verdad”, por la que los filósofos y los filólogos han discutido durante tantos siglos, y por la que siguen peleándose todavía hoy…

3. Pero a resultas de éste, se nos viene ahora encima un segundo escollo, no menos importante: El reina hoy en el mundo académico, afirmando que “no podemos conocer la realidad” –extrapolando el Principio de Incertidumbre de Heisenberg a otras ciencias (¿recuerdan lo que pasaba con las células que se quedaban sin receptores…?)–. No sólo esto, sino que además sostiene que todo cuanto podemos decir sobre la realidad está errado de origen, debido a que “la lengua es un constructo creado para explotarnos, y para sesgar nuestro pensamiento de forma que esa explotación se perpetúe”–.

¿Qué nos dicen las Neurociencias sobre esto?

Mediante estudios verdaderamente ingeniosos, y empleando equipos de resonancia magnética y de tomografía a positrones que han permitido mapear la actividad cerebral momento a momento, se ha podido demostrar que nuestra mente fabrica la imagen que tenemos de la realidad, tomando nuestras percepciones –que son muchas, fragmentadas, y nacidas desde distintos puntos de vista–, para cohesionarlas y armonizarlas en una sola –completando además la información faltante a partir de aquella con la que contamos–.

Esto es: Sí, en verdad, como el Deconstruccionismo sostiene, nuestra imagen de la realidad es verdaderamente un constructo intelectual, una fabricación mental…,

…pero no nacida para la explotación dolosa de unos pocos (por más que cada uno la sesgue lamentablemente a su gusto y necesidad)…,

…sino producida:

∙ por nuestras redes neurales innatas,

∙ que responden a circunstancias presentes en este planeta y no otro (como los algoritmos que nos permiten descodificar los colores de una imagen, a pesar de los variables gradientes de brillantez y características de iluminación que se dan en la Tierra),

∙ para resolver problemas que previsiblemente íbamos a tener que enfrentar aquí para sobrevivir, como el distinguir caras, el reconocer alimentos, y el construir herramientas y alojamientos –…útiles en este planeta y no en otro–.

Como dice Pinker (citando a otro autor): La obra cumbre de nuestra mente es la imagen que nos da de la realidad –sí–. Pero –añadimos nosotros– la obra cumbre de esta imagen, es nuestra propia sobrevivencia… –lo que implica que esa imagen se correlaciona realmente con el entorno en el que estamos inmersos–. A mayor correlación, mayor utilidad para la vida.

Ergo, también: El que estemos en contacto con la realidad, y nos relacionemos con ella para sobrevivir (o no); implica que ella tiene existencia por sí misma, que no se origina en nosotros, y que tampoco la fabricamos –la hacemos existir– con nuestra percepción y nuestras expresiones. Nosotros meramente la conocemos.

4. Nuestra mente está conformada por módulos específicos (Chomski los llama “órganos mentales”), nacido cada uno, o para responder a un tipo determinado de problema que previsiblemente podríamos tener que enfrentar en el entorno natural de nuestra especie, o para reunir información sobre temas específicos (que pudiera sernos útil también en estas circunstancias). Y cada módulo mental, a su vez, está compuesto por múltiples sub-módulos, y éstos a su vez por otros más; lo que implica una jerarquización funcional, organizada, armónica, de ellos, en aras a la consecución de nuestros objetivos.

Pongamos un ejemplo: Nacemos con un módulo mental que nos permite adquirir en nuestra infancia, por inmersión, un lenguaje humano.

Así como el ruiseñor no toma lecciones para cantar, el infante no toma lecciones sobre cómo reaccionar a los estímulos verbales de su entorno, sino que viene “pre-programado” para ello. ¿Cómo…?

Su cerebro le ofrece una serie de interruptores mentales que tiene que activar en un sentido o en otro, según va escuchando a otros humanos a su alrededor hablar (¿la lengua que les escucha es tonal, o no?, ¿es sintética en su construcción, o no?, ¿coloca el adjetivo antes o después del sustantivo?, etc.).

Y una vez que el niño los ha activado, se forma en su mente automáticamente un mapa de las estructuras básicas de la lengua. …Tras de lo cual se desencadenan en él:

(a) la adquisición del léxico, a una velocidad tal, que no hay manera de replicarla después; así como…

(b) el “pulido final” de la lengua, mediante el aprendizaje de las excepciones a cada regla –excepciones que ningún ser humano habría creado, dicho sea de paso, si se hubiera dedicado a fabricar una lengua, como presupone la teoría de la explotación…–.

“Colorín, colorado”: así es como la lengua materna se ha logrado…

Sin la pre-programación innata de nuestros órganos mentales –del módulo y submódulos específicos del lenguaje–, no hay manera de explicar –ni replicar artificialmente– una proeza semejante.

5. La existencia de módulos específicos, con submódulos, y sub-submódulos, y sub-sub-submódulos…, nos trae a la mente otra cuestión:

Nuestro cerebro se caracteriza por operar de manera coordinada, jerárquica y colaborativa: Los módulos operan “modularmente” –valga la redundancia–, repartiéndose las tareas entre sí; y substituyendo los unos a los otros cuando es necesario, sin necesidad de volver a aprender cada uno todo lo que ya habían discernido los demás.

Por ejemplo: Cuando aprendemos una palabra en un libro, no memorizamos su fotografía –su imagen fija–, sino la forma cómo fue compuesta (por determinados trazos). Esto después nos permite reconocerla aunque la encontremos escrita *con un tipo de letra distinto, *en otro color, o *sobre un fondo diferente, etc. Lo cual es evidencia de que no gestionamos los textos con los mismos algoritmos (y módulos cerebrales) que utilizamos para otro tipo de imágenes.

Si además no pudiéramos escribir esa palabra con la mano por alguna causa, podremos escribirla con el pie, o expresarla oralmente, o mediante señas, sin necesidad de volver a aprender lo que significa –lo único que hacemos es cambiar el “módulo o canal de salida”, pero el resto de la información sigue almacenada y disponible en los demás módulos cerebrales, con una perduración de memoria que también es asombrosa–.

No sólo esto: El mensaje viaja en nuestro cerebro de una neurona a otra, siendo transducido una y otra vez –es decir, cambiando de formato: de eléctrico a químico, de químico a eléctrico…, etc.–. Y si bien la forma cambia, el mensaje permanece siempre el mismo. En términos biológicos, esto nos demuestra la ,  de la intención comunicativa sobre el canal empleado para transmitirla, que tanto ha atormentado a los filólogos y filósofos al largo de la historia, ya no digamos desde el surgimiento de los medios electrónicos (¿Otelo deja de ser Otelo si la transmitimos por televisión, en una versión adaptada a determinado tipo de público, por ejemplo…?); …y que hoy –en plena Revolución Digital– cobra renovada importancia.

Otra cuestión resuelta, gracias a las Neurociencias.

6. Aún más: La forma como operan nuestros módulos mentales deja su huella, se reproduce, en las teorías que generamos y en los sistemas que empleamos para gestionar los distintos tipos de información. Gracias a esto, pese a que nuestros recursos son limitados, podemos desempeñar un número ilimitado de tareas, y manejarnos con un número igualmente ilimitado de mensajes.

Esto es: La operación modular de la mente explica por qué empleamos “sistemas combinatorios discretos” para casi todo –lo que significa que con unos pocos sonidos podemos “hacer” muchas palabras distintas; y con un cierto número de palabras, podemos producir un número infinito de frases y discursos diferentes; o que con una serie pequeña de símbolos numerales (0,1,2,3,4,5,6,7,8,9), podamos construir una secuencia infinita de números, y con ellos hacer una serie igualmente infinita de cálculos sobre distintos aspectos de la realidad.

¿Cómo? Mediante la codificación del significado que les daremos a cada uno, en función del lugar que ocupen en una secuencia –esto es: estableciendo reglas, arbitrarias pero útiles, que doten de un significado diferente a cada símbolo (letra, numeral, palabra…) que coloquemos en una secuencia, de manera sistemática y predecible para quien las conozca–. Y noten que el sólo hecho de dotar de significado a la posición que ocupe una letra, un número, etc., implica una linealidad forzosa en su lectura, así como maneras “correctas” o “legales” de leerlos, …de la misma forma como una novela ha de ser leída en el orden en el que se nos presentan las páginas del libro, y no en otro. Sin esta codificación particular de las realciones que puede establecer cada tipo de símbolos, no podríamos expresar con tan pocos, una gama infinita de mensajes.

No sólo esto: Nuestra mente logra todo esto, sin perder la capacidad humana de individuar conceptos (y hasta las interpretaciones de ellos) –de no confundirlos, sino de reconocerlos como únicos y diferentes entre sí, sin importar cuántas asociaciones se den entre ellos–. Esta capacidad –y módulo cerebral– es crucial, por cierto, para reconocer a las personas con las que tratamos (juan Pérez no es Juan Pacheco), o los frutos, animales y plantas que favorecen nuestra sobrevivencia (manzana es manzana, sin importar que no les demos nombres específicos a cada una de ellas, lo cual no significa que todas sean la misma…,) por poner un par de ejemplos.

Aún más: La operación modular del cerebro es recursiva, lo mismo que nuestro lenguaje y obras. Esto significa que podemos anidar una oración en otra, y ésta por su parte, en otra más, y así sucesivamente; y que podemos igualmente anidar una tarea en mitad de otra más compleja, y ésa en una tercera aún más compleja, siempre siguiendo –eso sí– unas ciertas reglas para que cualquiera pueda desentrañar precisamente el sentido que quisimos darles… Vamos: La recursividad es lo que nos permite subordinar y coordinar oraciones u otros elementos entre sí. Esto se refleja:

∙ En todo conocimiento adquirido o desarrollado por la inteligencia humana –tanto en la música, como en el uso de la voz, como en el lenguaje, como en las matemáticas, etc., ya que todos hacen uso de sistemas combinatorios discretos, recursivos, y con capacidad de individuación–; lo mismo que…

∙ en toda obra de nuestra inteligencia –esto explica desde la aritmética hasta la geometría analítica y la fractal, por un lado; pero también el empleo, por otro, de módulos intercambiables en el cuento tradicional (o folklórico), como señaló Vládimir Propp –lo mismo que a todo lo largo y ancho de la Literatura Universal (motivos y fórmulas narrativos, personajes recurrentes, etc.)–.

Permítanme un par de palabras especializadas más, pero que tienen sentido para los filólogos que se encuentren en la sala: simplemente no habría relaciones sintagmáticas (estructurales, gramaticales) y paradigmáticas (que establecen categorías de elementos, y tipos de categorías; por ejemplo: sustantivos, adjetivos, verbos, adverbios…), si no hubiera sistemas combinatorios discretos…

¿Cómo entonces es posible que la Literatura contemporánea descalifique una obra popular, sólo porque la secuencia de acciones es y lineal, o que se nos empuje a alcanzar una “originalidad absoluta” como meta, cuando ésta es imposible en un sistema combinatorio discreto como el que nos permite crear y disfrutar de nuestras narraciones? Como dicen Wellek y Warren en su Teoría literaria: La originalidad absoluta es imposible e indescifrable por definición.

…Una cuestión más que es posible plantear merced al recurso a las Neurociencias.

7. Nuestra mente almacena la información y la procesa –¡qué belleza!– en nuestra . La imaginación es la pizarra mental en la que representamos y gestionamos la realidad, según se ha podido demostrar mediante equipos que permiten monitorear la operación mental. Y los símbolos que manejamos en la pizarra de nuestra imaginación, detonan comportamientos voluntarios e involuntarios –como la mano que elevamos automáticamente para alejar una mosca de nosotros–.

La medicina ha constatado que podemos enfermar a una persona mediante la imaginación (¡pregúntenselo a Platónov, el discípulo de Pávlov, el conductista…, a Milton Erickson o cualquier otro renombrado psicoterapeuta de la última centuria y media, o a Hahenmann, el descubridor de la Homeopatía!).

E igualmente es posible emplear nuestra imaginación para curarnos –las “palabras que curan” son un viejo tópico médico del que se han ocupado, entre otros, los Doctores Hernando, Marañón, o Francisco Guerra, por citar 3 notabilidades españolas (cfr.: Guerra), Asimismo, no es posible en buena ciencia descartar que toda terapéutica médica se apoya en gran medida en los efectos placebo y nocebo, que demuestran claramente que las ideas también pueden afectar nuestra salud (cfr. otra vez: Bruce Lipton)–.

No sólo esto: Se ha comprobado que si programamos ordenadores para que puedan aprender “a partir de ejemplos”, “por la observación”, “mediante modelos de comportamiento”, se vuelven más eficientes. …Por algo la humanidad lleva siglos generando relatos que nos recreen e instruyan por medio de parábolas, ilustraciones o “exempla” –creados explícitamente para servir como modelos de comportamiento, y no necesariamente para indoctrinar, a partir de la experiencia vital reunida por la sociedad y cultura a las que pertenecemos…–.

¿Cómo, entonces, es posible que la Literatura rechace la responsabilidad que le corresponde en cuanto a la formación de lectores más eficientes –expertos y no ideologizados–, o con respecto de la importancia de crear y aplaudir obras de impacto masivo pro-social –positivo en términos antropológicos, no políticos; esto es: afines a los valores, ideas y creencias mayoritarios de sus sociedades–?

La Literatura –entre sus muchas funciones sociales– tiene la de alimentar nuestro “imaginario” colectivo e individual –la de de poblar nuestro catálogo de acciones posibles, acompañadas de sus consecuencias probables, para que podamos tomar decisiones más sensatas, ingeniosas y benignas en orden a nuestra sobrevivencia. Nada menos.

…También tiene la misión de formarnos en la gestión de nuestras emociones –las cuales son tan importantes para nuestra sobrevivencia, que contamos con un módulo mental específico para gestionarlas–.

Por estas razones, y por varias más, la Antropología nos enseña que la Literatura es una institución social de primer orden –presente en toda sociedad humana–, que tiene por misión difundir y justificar emocionalmente aquellos comportamientos que la experiencia ha demostrado favorecen nuestra sobrevivencia.

8. Algo más, y particularmente importante: Contamos con un módulo mental al que Pinker llama “el descubridor de trampas, sesgos y mentiras”the cheater detector–.

Ya vimos que la verdad –el conocimiento lo más fiel posible de la realidad pese a nuestras limitaciones–, es fundamental para nuestra sobrevivencia. Tiene sentido entonces que contemos con un módulo cerebral específico para protegernos de toda información falsa, errónea, sesgada, tramposa… –la que dificulta o impide nuestra sana sobrevivencia–.

Y porque este módulo existe innatamente en nosotros, a lo largo de la historia, los autores, géneros, medios de comunicación e instituciones que “mienten más que hablan”, o que promueven agendas hostiles a los valores, ideas y creencias de sus sociedades, han terminado por ser repudiados espontáneamente por la sociedad. La sociedad es un cuerpo vivo, que tiende instintivamente a la sobrevivencia..

Por eso la naturaleza humana ha generado relatos pedagógicos para concienciarnos sobre la utilidad de la y la credibilidad, como el de “Pedro y el lobo” (en la tradición del cuento popular español: El relato de un joven pastor que miente tanto, que los vecinos dejan de acudir a su llamado; por lo que el día que el gran lobo feroz verdaderamente ataca su rebaño, nadie acude a ayudarlo).

La redundancia confluyente, las distorsiones, la confrontación con otras fuentes de información y con respecto de la realidad, y los “filtros” (ideológicos, por ejemplo), son algunos de los mecanismos que nuestro “módulo detector de mentiras” emplea para defendernos: Dado que la comunicación humana es multicanal (percibimos información no sólo en las palabras que nos dice la persona, sino también en la entonación de su voz, en su forma de expresarse, por el contexto en el que se da la charla, etc.), la ausencia o presencia de coherencia y de relevancia entre todos los datos que percibimos, es crucial.

Y su eficiencia brilla en donde la defensa en más difícil: Ante los poderosos. La indoctrinación es, en mi experiencia como estudiosa de la literatura y de los medios, uno de los mecanismos de falseamiento de la realidad que nuestro cerebro repudia, si bien pueda parecer que no reacciona siempre clara, directa e inmediatamente a él –oponerse directamente al poder entra en conflicto con el módulo mental que procura la homeostasis social, o la cohesión tribal y familiar, por poner dos ejemplos…–.

Así que nuestra mente se toma su tiempo, pero tarde o temprano consigue liberarse de las mentiras que le han sido impuestas, y que dificultan o imposibilitan la sobrevivencia; …y reaccionar contra ellas –las estadísticas de ventas, consumo y credibilidad de los “medios” de comunicación, demuestran que la sociedad tiene pre-programada biológicamente su defensa–.

Y esto es inevitable, porque la información que recibimos de la realidad es tan abundante, y nos llega por tantos canales, que aunque los que mienten se coordinen para formar un frente unido, y para repetir sus consignas hasta el cansancio, no pueden impedir que la información-que-ellos-no-controlan, sea mucha más, y los ponga una y otra vez en evidencia.

Así que el Deconstruccionismo tiene razón –pero otra vez: sólo en parte–; y esto podemos afirmarlo apoyándonos en distintas ciencias, y sin caer en discusiones partidistas, abstrusas, obscuras, y colmadas de términos intrincados y artificiales.

9. Conclusiones

Nuestra sociedad vive ahora la transición de un paradigma de mentalidad Racionalista, Mecanicista, Materialista, etc., a uno nuevo.

Por fin, después de muchos siglos de dogmática e incuestionable hegemonía, podemos reconocer que la razón humana es limitada y falible –que no puede de ninguna manera ser considerada la única medida de las cosas–. Ahora bien, esto no invalida sus impactantes logros ni su gran valor.

Mientras mejor conozcamos cómo opera nuestro cerebro, mejor podremos protegernos de sus trampas, salvar sus limitaciones, y sacar provecho de sus extraordinarias habilidades.

Y esto exige, no sólo un mayor conocimiento de las Neurociencias –que como hemos visto, tienen mucho que aportar a las disciplinas humanas (o Humanidades)–; sino también un mayor conocimiento de éstas, que nuestro siglo ha postergado con soberbia e ingenuidad.

Nos referimos a la , la Lógica, la , y desde luego la Filología, la y la Literatura, que son, no sólo necesarias, sino indispensables para nuestra sobrevivencia.

…Pero, estimados colegas, a unas y a otras las necesitamos des-ideologizadas en la medida de lo posible, por favor. La instrumentalización de las Neurociencias y de las Humanidades por parte de facciones políticas e ideológicas, ha llevado a la sociedad a retirarles su confianza. Y necesitamos recuperarla, no sólo para sobrevivir nosotros, sino porque también ella –la sociedad– nos necesita.

10. Cuando una neurona establece relaciones útiles con múltiples otras neuronas y redes, el saber humano adquiere relieve y profundidad, permitiéndonos eliminar distorsiones e información irrelevante, hacer inferencias razonables a partir de datos ambiguos o incompletos, y –mediante la asociación de patrones de datos– producir generalizaciones inteligentes.

…Y también salvar obstáculos como las discusiones bizantinas que obstaculizan, por su importancia, el avance del saber –haciendo a nuestras ciencias un muy flaco favor, y cavando la tumba de las instituciones a las que pertenecemos–.

Por eso los invito a todos a profundizar en más áreas del conocimiento que la suya propia, permitiendo que ciencias duras y blandas, puras y aplicadas, establezcan diálogos sensatos que enriquezcan a la humanidad, y nos salven de nuestras propias limitaciones.

Una última reflexión: Dado que reflejar lo más fielmente posible la realidad, favorece nuestra sobrevivencia; procuremos activamente ofrecer a la sociedad y a nosotros mismos, información veraz. Y hagámoslo entre otras razones, para hacernos más necesarios, y aumentar así –biológicamente– nuestras posibilidades de sobrevivir. Así como las de las instituciones que nos acogen.


Bibliografía

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GUERRA, FRANCISCO: Las medicinas marginales. Madrid, Alianza Ed. [El Libro de Bolsillo #632, sección Ciencia y Técnica], 1993.

LIPTON, BRUCE; ÁNGEL LLAMAS, prefacio: La Biología de la creencia. Madrid, Palmyra, 2007 –Libro fundamental, de no ser porque incurre en contradicción grave: Después de afirmar que sólo la información veraz sobre la realidad nos permite sobrevivir, termina defendiendo que la realidad (sin embargo) es menos importante que el producir una respuesta positiva en nosotros (¿una respuesta positiva pero errada o inadecuada, permitiría sobrevivir a una célula…?). Después de repasar varios trabajos suyos, finalmente comprendimos que el sesgo es ideológico, y que puede generar en sus lectores una mentalidad gnóstica de tipo radical (esto es: a favor, no de los valores, ideas y creencias mayoritarios de su sociedad, sino de su inversión/reversión sistemática)–.

–A seminal book, were it not for the fact that it contradicts itself in one fundamental issue: After stating that only information that faithfully reflects reality, enables our survival, he amazingly ends up defending that (…however…) reality is less important than obtaining a positive reaction to it (would a positive but wrong or inadequate reaction to reality, allow a cell to survive…?). After going through several works by this same author, we finally realized that the bias is ideological in origin, and may generate a radical gnostic mentality in his readers (that is: in favour of the systematic reversal/inversion of the values, ideas and beliefs held by the majority of society)–. – See more at: http://www.mediosmejoresqueganenmas.org/en/utiles-para/utiles-para-creadores/la-operacion-de-nuestro-cerebro-y-la-expresion-humana-implicaciones-para-la-literatura-los-medios-y-la-investigacion#sthash.CrUFRKGc.dpuf

HAHNEMANN, SAMUEL; JORGE C. TORRENT, trad. (de la edición inglesa de Dudgeon y Boericke): Organón de la medicinal [racional]. México, Ed. Porrúa, 1984

PINKER, STEVEN: How the mind works. Londres y Nueva York, W. W. Norton & Company, 1997.

, K.: La palabra como factor fisiológico y terapéutico. Moscú, Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1958.

PROPP, VLADIMIR: Morfología del cuento maravilloso, 7ª ed. Madrid, Editorial Fundamentos [21], 1987.

WARREN. AUSTIN y RENE WELLEK: Teoría literaria. 4ª ed.; Madrid, Gredos, 1985 [Biblioteca Románica e Hispánica 2].

Fuente de la imagen: DreamsTime.com, by © Alekss

ARTÍCULO PUBLICADO ORIGINALMENTE EN

(DATOS BIBLIOGRÁFICOS/HEMEROGRÁFICOS/VIDEOGRÁFICOS DE LA FUENTE):

Blanca de Lizaur; “La operación de nuestro cerebro y la expresión humana. Implicaciones para la Literatura, los Medios y la Investigación”, en Cuartas Jornadas de Jóvenes Investigadores de la Universidad de Alcalá [Humanidades]; Cristina Tejedor, Francisco José Pascual, Germán Ros, Antonio Guerrero, Jesús Aguado y Miguel Ángel Hidalgo, editores; Universidad de Alcalá (U.A.H.) [Obras Colectivas- Humanidades # 35]; págs. 491-499.

Actualmente disponible en (repositorio): http://www.mejoresmedios.org


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